Ella desde ahora sólo juega, besa, huele, juega… ríe, siente, llora, juega. Ella desde antes sabía la verdad, y entonces ahora sólo juega. Ella, quien amo desaforadamente, entendió las reglas del juego y entonces, sólo juega. Ella, esa hermosa princesa, accedió paso a paso a esa vil mentira, e inteligentemente, ya en la partida, sólo juega. Ella, quien puso a jugar su corazón, lo ha rescatado a tiempo, con dulzura lo recoge poniéndolo de nuevo en su lugar, su razón se alegró al ver que apaciguaba el dolor, entonces, la razón entró al juego y empezó a jugar , ya guardado el corazón, el campo tenía un esencia de venganza, ahora ella sólo juega. La razón sonríe triunfante, y ella sólo juega. Están las manos fuertes, que siempre había amado y por las que hubiese entregado el universo, aún en su fantasía, en su placer, sin embargo, ella sólo juega. Están esos labios, apetecibles y jugosos, que siempre soñó, pero ella sólo juega. Ya nada importa, el corazón está resguardado, ya no está triste y la razón quiere vengar con placer el dolor. Ella sólo juega. Y jugará hasta que sienta que otras manos, otros labios, otros ojos emitan sonidos diferentes, más armónicos, más dulces, más consientes, más sabios, más tiernos, un poco más dulces, que emita un aliento a menta, un olor a yerbabuena. El olor a menta y el color de Jamaica rebotarán inmensamente en su alma, y le darán el sonido de la verdad. La piel de sus allegados marcará en su mente la sensación de libertad. Los labios dulces sobre su frente le darán muerte al juego demencial. Los cuerpos fundiéndose en uno, pondrán en jaque el oponente que la trajina. Las promesas de amor eterno borrarán las partidas perdidas de su corazón, la libertad de su unión la dejará libre para entregar una vez más el corazón. Estará, entonces, más confiada, más serena, más tranquila. Sentirá la seguridad de sus brazos, de su mente, sentirá la alegría de sus ojos, la fortaleza de su espalda. Lo dejará en libertad, la dulce princesa, cocinará deliciosos postres que él probará y le encantarán el alma. La dulce princesa, abrazará sus sonrisas y besará su alma. La dulce princesa ya no juega más, entonces, el oponente, cae, llora, reniega, suplica, miente, corre, salta, insiste, llega. Ya no hay puertas para su entrada, ni para su llegada, sólo un candando puesto en aquella cerradura, donde la llave la tiene quien es dueño de su dulce sonrisa. Ya no juega más, ya no le importa, la vida se encargo de darle todo el bienestar en otras manos, de sentir el cuidado, de ser feliz por un instante, de ser consciente de la nueva luz que sus ojos cantan, de volar libre, de relajar su integridad, de besar apasionadamente, de razonar instintiva. Ya no juega más, ahora el corazón baila libre, tonadas no tan elegantes. Ahora la razón se mantiene, aunque alerta, más tranquila… pero siempre vigilante. Ahora, esta princesa sonríe, feliz, libre, apasionada, realizada. Ya no juega más. Al menos, hasta que sea hora de jugar.
simplemente me encanto!! *****
ResponderEliminarCompletamente de acuerdo, muy hermoso!
ResponderEliminarEvidentemente la razon triunfo =)
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