Vi tus fotos. No lo hacia hace mucho y sólo hoy por una liberación del destino las volví a ver. No pude evitar sonreír. Tu sonrisa me contagió, tu alma en cada foto me lleno de alegría. Aún tengo esa sonrisa que te gusta en mis labios. Tampoco puedo evitar pedirle a mi Dios que te bendiga y que te llene de bendiciones: como leche y miel.
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